
La historia de “La Ciudad de Invierno” y su efímero esplendor en la “belle epoque” de comienzos de siglo, apenas tres meses, comenzó como un delicioso sueño de las familias de la alta sociedad porteña y culminó cuando estalló la primera Guerra Mundial. La ciudad debía tener la misma temperatura que San Remo, Venecia, Niza, El Cairo y Málaga, y fue pensada para 158 manzanas, 197 quintas y 24 chacras, rodeando un majestuoso hotel: el Hotel Continental.

